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viernes, 29 de enero de 2016

"Moby Dick" de Herman Melville.

  “Un clásico al mes”

 

   Clásicos, ¿Cómo no leerlos?, no soy una mujer que tenga en su haber muchos de ellos desafortunadamente, en literatura ni en otros géneros como la música, el cine, etc. Suelo enfrentarme al síndrome del “sapo de otro pozo” cuando inevitablemente quedo fuera en alguna de las conversaciones que tengo con amigos donde hablan con tanto entusiasmo de alguna obra visual, musical o literaria que es la que más me interesa contar.

   Al menos una vez al mes trataré de leer un clásico de mi biblioteca, luego de devorarlos adquiriré otros títulos. Cuanto más vieja sea la edición mejor, y en esto tengo sentimientos encontrados, porque si bien amo el olor a letras recién impresas, a libros relucientes envueltos en ese plástico tipo film de cocina, siento una profunda debilidad hacia las páginas amarillas maltratas por la humedad, infladas, deformes.

   Hoy soy Moby Dick. Dije anteriormente en la reseña del primer libro que no estaba de acuerdo con el formato ficha técnica, pero en este caso debo hacerlo, al tratarse de clásicos es bueno saber algo, el año de publicación y algún otro dato que aporte al contexto por lo menos.

   Fue editada originalmente en octubre del año 1851, es decir, poco más de un siglo y medio. Hay un par de películas y referencias de todo tipo a la historia hasta en dibujos animados. Recientemente se estrenó “In the Heart of the Sea” interpretada por el musculoso “Thor”, no es santo de mi devoción pero convengamos que se merece una oportunidad aunque sea pequeña.

   El ejemplar que tengo en mi poder me hipnotizó sin hacer demasiado, ahí nomás acostadito al lado de muchos objetos random sobre un sucio lienzo de feria con un color pasado de moda, hace varios años, por lo menos catorce. Ya por ese entonces tenía la portada descolorida seguramente el sol ferial había hecho su trabajo, roer con rayos uv cualquier color que se interponga. Pagué un precio irrisorio por la copia, alrededor de cinco pesos argentinos (tengo muy mala memoria, quisiera poder darles más detalles, aviso para próximas entradas. “El que avisa no traiciona”).

   Considero que pagar un libro muy barato es un insulto e imponer un precio muy desorbitado es una burla despiadada para el lector que ansía tenerlo, no tiene más remedio que ojearlo unos minutos en un paseo por su librería favorita, terminar por despedirse de el con la nariz a punto de chocar contra el cristal de la tienda, cruel barrera transparente llamada vidriera, separa nuestras manos de ese libro que queremos mantener a salvo en la mesita de luz todos las noches.

   Esta historia tiene un protagonista lógicamente. Ismael, que además es la voz del narrador, un tipo joven que cuenta con experiencia en la marina mercante y decide que necesita vivir otro tipo de experiencias. Un barco ballenero es ideal. Para esto debe buscarlo, hay una ciudad que reúne unos cuantos, la isla de Nantucket en Massachusetts. Donde se encuentra alojado conoce a Queequeg un arponero polinesio. Juntos terminan trabajando en el Pequod, un ballenero cosmopolita. 

   Novela de aventuras muy dinámica, mi copia del año 1965 cuenta con ilustraciones hermosas que acompañan el inicio, el durante y el final de cada capítulo.

   Puede sonar trillado, pero me sentía una niña dando vuelta cada página sabiendo que iba a encontrar un hermoso dibujo de Paul Durand.

   Queda inaugurada la sección “Un clásico al mes” con un dejo a infancia...  

jueves, 21 de enero de 2016

"Un mundo feliz" de Aldous Huxley

  “Tercer libro del año”


   “Un mundo feliz” no fue un libro que yo quisiera tener. Formó parte de una lista (bastante negra) de libros que debía leer por obligación para la carrera de profesorado de lengua y literatura, una de las carreras que he abandonado obviamente. Por supuesto el libro fue migrando conmigo por ahí y jamás sentí culpa por no leerlo. Tenía por lo menos dos buenas razones para no hacerlo, primero por imposición, la rebeldía me lo impedía. Segundo, por el tipo de género, las novelas de anticipación no eran de mi agrado y menos las de ciencia ficción. Lo terrenal me define necesariamente.

   Con lo primero que uno se encuentra al comenzar el libro es con una especie de visita guiada de la mano de los protagonistas, te convertís inevitablemente en un visitante y te encontrás “turisteando” por este lugar sin previo aviso.

   Si tuviera que dar alguna advertencia al que se adentre en esta obra, probablemente sería que encare las páginas con la mente absolutamente en blanco, no hay otra opción que leerlo dejando lo más lejos posible todos nuestros pre-conceptos sociales, ya que estamos frente a una “filosa sátira del mundo contemporáneo” como sabiamente lo señala en la contratapa de esta edición. Una buena muestra de eso es este fragmento del tercer capítulo, en el que me vi reaccionando con una carcajada:

   “- El hogar, la casa- unos cuantos cuartos pequeños en los cuales se amontonaban un hombre, una mujer periódicamente embarazada y una lechigada de críos de todas las edades. Ni aire, ni espacio: una cárcel insuficientemente esterilizada; obscuridad, enfermedades, hedores.
   (Tan viva era la evocación del Inspector, que uno de los jóvenes, más delicado que los otros, se puso pálido solo de oírlo. Y estuvo a punto de sentir nauseas).”

  Hay muchos fragmentos como este donde el autor impone despiadadamente, pateando el tablero, las reglas en las que se basará la historia. Este rasgo pseudo autoritario de Huxley me gustó mucho. Lo hace responsable de mi inédito interés por este género.

   El relato cobra una fuerza y consistencia palpables con el avanzar de los capítulos, cada uno con un planteo explicito o implícito haciendo que, antes de dar el salto al siguiente capítulo, el lector no tenga más remedio que pensar (unos segundos por lo menos) en lo que acaba de leer y en como toda esta información libra una batalla contra los conceptos e ideas más profundamente arraigados durante toda su vida y hasta el momento de leer esta atrevida historia.

   Este hombre pasó de ser un autor impuesto por un programa académico, a ser un autor al que le dedico felizmente una reseña para mi blog.

   Me llevo grandes propuestas para pensar, puntos de partida desde una perspectiva desconocida y original. Los personajes tan bien definidos despiertan la necesidad de tomar partido por uno u otro, es muy fácil (o por lo menos para mí lo fue) empatizar con ellos en muchos momentos de la historia que resultan tan distintos a las situaciones cotidianas que nos tocan vivir en el contexto de esta vida.

   A. Huxley te da a conocer un mundo distópico muy atractivo y crudo.

   Solo puedo pensar, después de este autor, en: “¿Qué haría yo si…?”.   
  

   

jueves, 14 de enero de 2016

"Una samana en la nieve" de Emmanuel Carrère

   "Segundo libro del año"


   Este libro buscó chocarse conmigo hace más o menos quince años. Con mi familia nos mudamos a un departamento en un segundo piso al que se accedía por una única escalera, estrecha, gris, no inspiraba nada de belleza ni confianza, su único atractivo era lo que me estaba esperando al final de ella. Antes de que terminara y uno se topase con la puerta de entrada, dos o tres escalones antes del descanso, estaba este libro abandonado, ahí nomás en el suelo, vilmente.

   Por ese entonces era el año 2001 y estrenaba catorce años (bastantes menos, quince para ser exactos, todo un número). Sentí la necesidad de agarrarlo, sacudirle la tierra de la portada, emprolijarle las hojas dobladas. Empecé a leerlo primero por lástima e inmediatamente por placer.
   Una semana en la nieve es un libro ligero, en su forma de lectura y literalmente ligero ya que esta edición es muy liviana realmente. Me encantan las ediciones en las que, encontrando una posición perfecta, uno ni siquiera nota que tiene un libro en la mano porque no demanda nada de fuerza sostenerlo.

   El protagonista es Nicolás un pequeño de ocho años. Con un narrador omnisciente el autor nos muestra e invita al mundo de la imaginación de este niño. La relación con sus padres, los cuestionamientos que aparecen contra su voluntad y con ellos el miedo, a ser expuesto, a llamar la atención.

   La historia transcurre en el contexto de un viaje, de una semana, a la nieve, para aprender a esquiar con sus compañeros de curso. Esta experiencia es simple para muchos, para Nicolás se traduce en situaciones de tensión. Su padre, vendedor de prótesis médicas, con la excusa del inminente peligro presente todo el tiempo, cubre permanentemente a sus hijos con un manto muy pesado de sobreprotección dificultando que la personalidad de Nicolás empiece a salir a flote. Es tanta la sobreprotección que este padre no puede concebir que su hijo viaje en un autocar con sus compañeros para llegar a destino, por lo tanto él mismo se encarga de llevarlo en su auto donde nada malo puede pasarle, donde lo protegería de un inevitable accidente de tránsito como el que sufrieron aquellos niños hace unos días y anunció la televisión con tanto énfasis.

   Las cosas en su familia eran así, por momentos Nicolás estaba de acuerdo, las consideraba adecuadas, pero había otros en los que le suponía un momento de exposición para con sus pares, las burlas estaban ahí y debía hacer todo lo posible por no despertarlas.

  Emmanuel Carrère necesitó de muy pocas palabras (quizás sea lo breve algo que criticar) para plasmar este viaje gráfico dentro de la consciencia e imaginación de su pequeño protagonista. Invita a pensar en el mundo de los niños, en su papel de espectadores al nosotros, los adultos, ser los permanentes tomadores de decisiones. Todo repercute en ellos, nuestras palabras, gestos, acciones y hasta miedos heredados.


  “Una semana en la nieve” me dejó pensando en que todos las visiones son igual de importantes. A veces ponemos a los más pequeños en un peldaño por debajo nuestro sin tener en cuenta que su visión de las cosas es válida porque va de la mano de un sentimiento que merece ser respetado y en el mejor de los casos incluido.

viernes, 1 de enero de 2016

"Una lectora que busca disciplina"

Lectora indiciplinada
    ¡Feliz 2016 lectores!

    ¡Bienvenidos! Arrancando bien tempranito este nuevo año, ahora, justo ahora, estoy chocando mi copa con mis seres queridos, mirándolos a los ojos con la ganas que trae un nuevo comienzo. Borrón y cuenta nueva gente, cada año tiene esa genialidad.


    Debo admitirles, antes que nada, que esto fue pensado primero para facebook, pero por decantación y voluntad también estoy acá.


    ¡Qué emoción! Siempre quise hacer un bog, estaba segura que iba a ser de fotografía, otro de los hobbies que me hacen feliz.Ya vendrá.  Es tiempo de este proyecto.


    Bueno, no quiero irme por las ramas: concretamente lanzo este blog para lograr autodisciplinarme en la lectura, sí, considero que ésta debe ser disciplinada. De hecho, ahora que lo pienso bien, es el único orden en mi vida que prefiero tener.


    "Siete días, un libro" nació una tarde de diciembre extremadamente calurosa, treinta y tres grados a la sombra. Terminaba de leer el excelente libro "Tiene que ver con la furia" de Luis Mey y Andrea Stefanoni. Intercambié unas palabras con Luis por facebook sobre mi experiencia leyéndolo y pensé que necesito darme más posibilidades de toparme con obras así. Entonces me dije: "para eso, no queda otra que leer más”. Por eso mismo, desde el minuto cero del 2016 arranco este proyecto con vos del otro lado de la pantalla de tu computadora, Smartphone, tablet, netbook, notebook, lo que sea es más que bienvenido.


    Sé que hay muchos blogs que hacen reseñas de libros y muy buenos por cierto, pero eso no me detiene ni me preocupa al contrario, me nutre de buenas y diversas opiniones. Disfrutar de un libro y compartir tu opinión no es algo original, todo el mundo lo sabe, existe desde que hubo algo que fue leído. No intento ser una trasgresora, ni una intelectualoide. Mi premisa es ser siempre fiel a lo que me nace hacer.


    Hace un tiempo pasó por mi cabeza la idea de ser booktuber por la inmediatez que te da youtube y la precisión que te da una imagen, pero la verdad es que eso no soy yo, me da mucha vergüenza, no puedo verme haciéndolo. No soy una persona tímida ni acomplejada para nada,cualquiera que me conozca puede dar fe de eso, simplemente no creo que sea el camino en el que me siento más cómoda. 

Afortunademente, ese tipo de exposición no es para todos.

    Sigo a varios booktubers, es hermoso ver como te muestran las portadas de los libros, nuevitos en su mayoría, y lo acompañan con un relato cargado de tanta pasión, es conmovedor.


    Una vez un profesor de la carrera de analista de sistemas, carrera que abandoné porque no tenia nada que ver conmigo, dijo: “No hay nada más lindo que ver como te explican sobre algo o como hacer algo como los programas de cocina por ejemplo”. Esa frase me quedó grabada durante años y creo que se ajusta a todo esto de hablar sobre los libros y dar nuestra opinión porque en eso estamos nosotros, en esa explicación llevamos la pasión y el placer por lo que nos gusta.


    A mi me gustan todos y cada uno de los libros que tengo la oportunidad de leer, me apasionan desde que leí por voluntad propia siendo una nenita de primaria “El príncipe feliz” de Oscar Wilde.

Como te dije más arriba: ¿Me acompañás en esta búsqueda de la tan ansiada "disciplina para leer"?

    ¡Buena lectura!

    Naty.
7 días,un libro.
7diasunlibro@gmail.com