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jueves, 10 de marzo de 2016

"Los ojos del perro siberiano" de Antonio Santa Ana


  "Noveno libro del año"


   “Los ojos del perro siberiano” me deja sentimientos encontrados. A pesar de ser una historia simple (como me gustan), linda y corta. Solo ciento treinta y tres páginas. Al leerla hubo algunas pequeñas cosas que no me cerraron del todo.

   Es la primera novela del autor. En una de las solapas lo dice y además agregan que es especialista en literatura infantil y juvenil. Eso se puede notar, hay un gran trabajo detrás de este libro sin dudas.

   Narrado en primera persona. Es un relato largo de introspección. Cuenta la historia de un chico de San Isidro (localidad de Buenos Aires conocida, entre otras, como un lugar donde viven las personas más pudientes) y su hermano.

   Lo curioso es que no se sabe el nombre del protagonista, es decir, del adulto que cuenta la relación que tuvo con su hermano muchos años mayor que él, hermano que en un momento deja de vivir bajo qué mismo techo familiar sin saber el porqué, y con sus padres. No quiero agregar ningún otro dato más de la trama porque al ser corta la historia cualquier otro agregado es prácticamente un spoiler.

   Si bien es un adulto el que cuenta, me parece que los pensamientos que tiene el personaje por momentos en su niñez son un tanto pretenciosos, un poco más maduros de lo que a mi entender tienen los niños a esa edad. Estas eran las pequeñas cosas que no me cerraban del todo. Lo bueno de esto es que es solo por momentos. La mayoría del tiempo te introduce en la mente de un niño realmente. En su mirada hacia los adultos, la interacción con su grupo de pares, los temores propios de la edad, la relación con sus padres y la exigencia de estos. 

   Si te gustan las historias contadas por niños este otro libro seguro que te puede llegar a gustar. 

   En Argentina este título forma parte del diseño curricular de la materia de Lengua y literatura en muchos colegios. Generalmente en el nivel de primaria. Me parece un gran acierto. Toca temas muy importantes que pueden formarte como ciudadano. Porque algo maravilloso de los libros es eso. Su poder. Una frase simple pero significativa que encontré dentro de este libro que ilustra la idea fue la siguiente.


   Tiene muchas referencias a los libros, la música (se puede ver desde la portada) y de películas, hay una en especial. Eso me conquistó.

   Creo que si estás acá leyendo esto que escribí humildemente, es porque sentís una conexión especial con los libros, o por lo menos con este libro en particular, al igual que yo. Puede sonar un poco cursi pero creo que es verdad y estoy segura de que vos también lo crees así.

   Hay un poder muy fuerte en ellos, cambian y transforman las relaciones y mucho más. Puede ser que sea ese el motivo por el que necesito hacer este blog. Porque los libros le dan un nuevo significado a las cosas. “Los ojos del perro siberiano” me transformó un poco. Eso me hace feliz. Los libros me hacen feliz.

   ¿Qué mejor que dejarse llevar?  


   

viernes, 29 de enero de 2016

"Moby Dick" de Herman Melville.

  “Un clásico al mes”

 

   Clásicos, ¿Cómo no leerlos?, no soy una mujer que tenga en su haber muchos de ellos desafortunadamente, en literatura ni en otros géneros como la música, el cine, etc. Suelo enfrentarme al síndrome del “sapo de otro pozo” cuando inevitablemente quedo fuera en alguna de las conversaciones que tengo con amigos donde hablan con tanto entusiasmo de alguna obra visual, musical o literaria que es la que más me interesa contar.

   Al menos una vez al mes trataré de leer un clásico de mi biblioteca, luego de devorarlos adquiriré otros títulos. Cuanto más vieja sea la edición mejor, y en esto tengo sentimientos encontrados, porque si bien amo el olor a letras recién impresas, a libros relucientes envueltos en ese plástico tipo film de cocina, siento una profunda debilidad hacia las páginas amarillas maltratas por la humedad, infladas, deformes.

   Hoy soy Moby Dick. Dije anteriormente en la reseña del primer libro que no estaba de acuerdo con el formato ficha técnica, pero en este caso debo hacerlo, al tratarse de clásicos es bueno saber algo, el año de publicación y algún otro dato que aporte al contexto por lo menos.

   Fue editada originalmente en octubre del año 1851, es decir, poco más de un siglo y medio. Hay un par de películas y referencias de todo tipo a la historia hasta en dibujos animados. Recientemente se estrenó “In the Heart of the Sea” interpretada por el musculoso “Thor”, no es santo de mi devoción pero convengamos que se merece una oportunidad aunque sea pequeña.

   El ejemplar que tengo en mi poder me hipnotizó sin hacer demasiado, ahí nomás acostadito al lado de muchos objetos random sobre un sucio lienzo de feria con un color pasado de moda, hace varios años, por lo menos catorce. Ya por ese entonces tenía la portada descolorida seguramente el sol ferial había hecho su trabajo, roer con rayos uv cualquier color que se interponga. Pagué un precio irrisorio por la copia, alrededor de cinco pesos argentinos (tengo muy mala memoria, quisiera poder darles más detalles, aviso para próximas entradas. “El que avisa no traiciona”).

   Considero que pagar un libro muy barato es un insulto e imponer un precio muy desorbitado es una burla despiadada para el lector que ansía tenerlo, no tiene más remedio que ojearlo unos minutos en un paseo por su librería favorita, terminar por despedirse de el con la nariz a punto de chocar contra el cristal de la tienda, cruel barrera transparente llamada vidriera, separa nuestras manos de ese libro que queremos mantener a salvo en la mesita de luz todos las noches.

   Esta historia tiene un protagonista lógicamente. Ismael, que además es la voz del narrador, un tipo joven que cuenta con experiencia en la marina mercante y decide que necesita vivir otro tipo de experiencias. Un barco ballenero es ideal. Para esto debe buscarlo, hay una ciudad que reúne unos cuantos, la isla de Nantucket en Massachusetts. Donde se encuentra alojado conoce a Queequeg un arponero polinesio. Juntos terminan trabajando en el Pequod, un ballenero cosmopolita. 

   Novela de aventuras muy dinámica, mi copia del año 1965 cuenta con ilustraciones hermosas que acompañan el inicio, el durante y el final de cada capítulo.

   Puede sonar trillado, pero me sentía una niña dando vuelta cada página sabiendo que iba a encontrar un hermoso dibujo de Paul Durand.

   Queda inaugurada la sección “Un clásico al mes” con un dejo a infancia...  

jueves, 21 de enero de 2016

"Un mundo feliz" de Aldous Huxley

  “Tercer libro del año”


   “Un mundo feliz” no fue un libro que yo quisiera tener. Formó parte de una lista (bastante negra) de libros que debía leer por obligación para la carrera de profesorado de lengua y literatura, una de las carreras que he abandonado obviamente. Por supuesto el libro fue migrando conmigo por ahí y jamás sentí culpa por no leerlo. Tenía por lo menos dos buenas razones para no hacerlo, primero por imposición, la rebeldía me lo impedía. Segundo, por el tipo de género, las novelas de anticipación no eran de mi agrado y menos las de ciencia ficción. Lo terrenal me define necesariamente.

   Con lo primero que uno se encuentra al comenzar el libro es con una especie de visita guiada de la mano de los protagonistas, te convertís inevitablemente en un visitante y te encontrás “turisteando” por este lugar sin previo aviso.

   Si tuviera que dar alguna advertencia al que se adentre en esta obra, probablemente sería que encare las páginas con la mente absolutamente en blanco, no hay otra opción que leerlo dejando lo más lejos posible todos nuestros pre-conceptos sociales, ya que estamos frente a una “filosa sátira del mundo contemporáneo” como sabiamente lo señala en la contratapa de esta edición. Una buena muestra de eso es este fragmento del tercer capítulo, en el que me vi reaccionando con una carcajada:

   “- El hogar, la casa- unos cuantos cuartos pequeños en los cuales se amontonaban un hombre, una mujer periódicamente embarazada y una lechigada de críos de todas las edades. Ni aire, ni espacio: una cárcel insuficientemente esterilizada; obscuridad, enfermedades, hedores.
   (Tan viva era la evocación del Inspector, que uno de los jóvenes, más delicado que los otros, se puso pálido solo de oírlo. Y estuvo a punto de sentir nauseas).”

  Hay muchos fragmentos como este donde el autor impone despiadadamente, pateando el tablero, las reglas en las que se basará la historia. Este rasgo pseudo autoritario de Huxley me gustó mucho. Lo hace responsable de mi inédito interés por este género.

   El relato cobra una fuerza y consistencia palpables con el avanzar de los capítulos, cada uno con un planteo explicito o implícito haciendo que, antes de dar el salto al siguiente capítulo, el lector no tenga más remedio que pensar (unos segundos por lo menos) en lo que acaba de leer y en como toda esta información libra una batalla contra los conceptos e ideas más profundamente arraigados durante toda su vida y hasta el momento de leer esta atrevida historia.

   Este hombre pasó de ser un autor impuesto por un programa académico, a ser un autor al que le dedico felizmente una reseña para mi blog.

   Me llevo grandes propuestas para pensar, puntos de partida desde una perspectiva desconocida y original. Los personajes tan bien definidos despiertan la necesidad de tomar partido por uno u otro, es muy fácil (o por lo menos para mí lo fue) empatizar con ellos en muchos momentos de la historia que resultan tan distintos a las situaciones cotidianas que nos tocan vivir en el contexto de esta vida.

   A. Huxley te da a conocer un mundo distópico muy atractivo y crudo.

   Solo puedo pensar, después de este autor, en: “¿Qué haría yo si…?”.